lunes, febrero 20, 2023

Ninfa y Ángel (Capítulo final)

-¡Indis, devuélvela de inmediato! 

-¡De ninguna manera Ireth!, este es el momento que siempre deseaba, siempre había querido experimentar esta paz interior, y nadie me la va a quitar. Estoy harta de que todos los seres me digan qué es lo que tengo qué hacer, y con esta llama seré libre y nada ni nadie lo va impedir. 

- Indis estás diciendo tonterías, escucha al elfo por favor... 

-¡Indis por favor regrésame esa llama, te vas a hacer daño! 

Y al escuchar esto la ninfa giró hacia el elfo y por un momento parecía que le ponía atención... 

 -Escucha Indis, la voz interior de la mentira te está mal aconsejando, si no sabes mantener esa llama te hará ruin y te destruirá... 

- ¿Y cómo es que me va a destruir si es una llama que da paz? 

- Pues porque la voz interior se nutre de energía, y cuando absorbe a la llama crece en forma de soberbia. Indis corres peligro, dámela antes de que sea demasiado tarde. 

Mientras discutían, ninguno se dio cuenta que Gelmir trepaba por los árboles con la intención de apoderarse de la llama. Despacio subía y subía rogando no resbalar de las ramas y caer. En el momento menos pensado el lacayo de Ashtaro saltó sobre la ninfa y arrebató de sus manos la llama siempre viva, ésta se precipitó y mientras caía incendiaba parte de los árboles. El lacayo voló y terminó dándose un fuerte golpe justo a los pies de la gárgola. Ashtaro tomó la llama, y ante los ojos atónitos de las ninfas y el elfo, se dispuso a ponerla en su pecho. Inmediatamente la gárgola se convulsionó, y desde el interior de su cuerpo grandes rayos de luz eran emitidos con mucha fuerza. Todos los presentes no soportaban esa energía, por su magnitud eran obligados a cerrar los ojos y a taparse la cara. Las Ninfas regresaron a tierra firme junto al elfo mientras presenciaban la escena. Después de unos instantes la luz cesó, y pudieron ver la silueta de la gárgola en pie. Se veía diferente, jovial y recalcitrada. Era como si se le hubieran quitado de encima muchos años, tenía un brillo en sus ojos... 

-Aaaah, que bien me siento... es increíble esta sensación... 

-Ashtaro, no sabes lo que acabas de hacer, dame la oportuidad de ayudarte... 

-¿Qué dices Duhal? ¿Acaso piensas que me vas a engañar? 

-De ninguna manera Ashtaro, pero aún es tiempo de sacarte la llama, antes de que salgas perjudicado...

-¿Perjudicado? pero si estoy mejor que nunca... 

-Ashtaro, entiende, la llama es la forma de energía más pura que existe en el universo, y al entrar en un cuerpo que no está inmaculado, tiende a destruirlo hasta que queda completamente purificado... y se reduce a cenizas... 

-Mira Duhal, yo no sy tan fácil de engañar, cumpliste con la parte del trato y ahí está la mía, tienes a la ninfa ¿no?, así que ya no me quites el tiempo... 

 Justo cuando terminaba esta frase un hilo de sangre comenzó a correr desde su nariz, e inmediatamente sintió un fuerte dolor en la cabeza y el pecho. 

-¿Qué sucede Duhal?- preguntó Ireth... - El proceso de purificación ha iniciado, ya es muy tarde para la gárgola... 

El dolor era insoportable y doblegó a la gárgola, de sus oídos también escurría sangre así como también de su boca. 

 - ¡¡¡Duhal ayúdame, por favor, este dolor es insoportable!!! 

- Ashtaro... ya no puedo hacer nada... en absoluto... 

Esa misma energía que le había dado vitalidad momentos antes, ahora era la encargada de destruirlo lentamente, paralizándolo por completo, su piel se tornaba roja, y después negra, de su cuerpo salía humo, como si lo estuviera asando desde el interior. Los gritos eran ensordecedores y la imagen era terrible. Ambas ninfas se tapaban la cara para no ver cómo se consumía en su presencia la gárgola. Gelmir no lo podía creer, y un pánico lo lleno, e inmediatamente salió corriendo para perderse entre lo espeso del bosque. Los árboles que los rodeaban eran los testigos mudos que daban fe del poder de la llama siempre viva... Al terminar el proceso de purificación, la llama quedó suspendida en el aire, como si esperara ser tomada por alguien... Indis e Ireth quedaron petrificadas de miedo, y observaron cómo Duhal se aproximaba a la llama. Y tomándola entre sus manos se dirigió hacia las ninfas. 

-Miren ninfas, esta es la forma más pura de energía en el universo, y no puede ser poseída por nadie, excepto por la criatura para la que fue hecha. Cada ser en el universo posee una energía de este tipo. Pero algunos, como ustedes la han encerrado en lo profundo de su existencia. 

-¿Y cómo sabemos que la tenemos?- preguntó Indis... 

-A eso he venido, a decirte que la forma de sacar esa luz, que la forma de volver a poner esa energía al servicio de los seres del universo es a través del amor, el cariño y la confianza en sí mismo... Ireth, tienes mucho que hacer aún, tu valor y lealtad te darán la recompensa que tanto anhelas... Indis, eres hermosa, no hay ningún ser como tú, eres irrepetible en el universo, deja que el amor fluya en ti... 

Y acercándose más, les otorgó un beso en la frente a cada una... inmediatamente una sensación de fuego las recorrió... y Duhal se elevó sobre ellas, al mismo tiempo que se transformaba en Ángel... Pero la misión apenas iniciaba... aún quedaba regresar con Nindé... (FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA)

Ninfa y Ángel (Capítulo diecinueve)

Ashtaro tomó rápidamente la llama antes de que Ángel transformado en Elfo pudiese hacer algo... 

- ¡Indis!... ¡cómo es posible! 

Exclamó incrédulo Duhal. Ashtaro echó a correr y tras de él Ninfa. Ella tenía la ventaja porque podía volar e ir más rápido por lo que no tardó mucho en darle alcance. 

- ¡Detente Ashtaro! 

- ¡Jamás me detendrás! 

- ¡Devuelve esa llama al elfo! 

- ¡Nunca, no lo haré! 

En ese mismo instante Ireth le cerró el pasó a la gárgola y provocó que ésta perdiera el paso y cayera entre la hierba, dejando la llama libre por un momento, misma que Indis pudo atrapar antes de que tocara el suelo... 

- ¡Es hermosa! ... Ireth ven... siente esta paz... esta quietud... es increíble... 

- ¡Indis!... vayamos a devolverla al elfo... él sabrá qué hacer con ella  

-"No Indis, no la lleves, ya la tienes entre tus manos ahora es el momento de hacerla tuya, huye con la llama ¡¡¡Huye!!! 

 Era la voz interior de la ninfa que reclamaba para sí esa llama... 

- ¡¡¡Indis!!! ¿Adónde vas? ¡¡¡Regresa!!! 

- No Ireth, esta llama me pertenece 

- ¿Qué dices? Esa llama no es tuya, no te pertenece... es del elfo... 

Ashtaro no podía dar crédito de lo que estaba sucediendo y junto con su lacayo Gelmir intentaban alcanzar a la ninfa sin éxito alguno. 

- ¡Maldita ninfa! Devuélveme esa llama... 

- ¡Nunca Ashtaro, ahora me pertenece!

Ángel transformado en Elfo veía con tristeza cómo ambos disputaban la llama siempre viva... 

- No puede ser... no Indis... no hagas caso a la voz interior, sólo busca la manera de hacerte vil como lo hizo con... Nindé. 

En lo alto de las copas de los árboles seguían discutiendo Indis e Ireth... 

 - Indis te desconozco ¿qué te sucede? devuelve esa llama... 

- No Ireth, es tan hermosa y se siente tan bien.. ¿Ahora tú me la quieres quitar?  

- Así es Indis ella también está en tu contra, no permitas que te la quite 

- Aléjate Ireth, no te atrevas a quitarme esta llama... 

- Pero Indis no es tuya... escucha a tu corazón... 

Indis se quedó mirando fijamente a Ireth sin poder decir absolutamente nada... y de entre los árboles una voz llamó su atención... 

 - ¡¡¡Indis no hagas caso a esa voz interior de mentiras!!! ¡¡¡Regresa por favor!!! ¡¡¡Necesito decirte algo!!! ¡¡¡Confía en mi!!! 

Por más que el elfo quería, nada daba resultado... (Continuará... últimos capítulos)

Ninfa y Ángel (Capítulo dieciocho)

- Bien Ashtaro, esperaré a ver la ninfa... 

- ¿Desconfías de mi Duhal? ¿acaso no te he demostrado mi amistad? 

- Para ser sinceros Ashtaro... hasta este momento no he visto tal cosa... 

- Bueno... es verdad no ha habido oportunidad... pero... debo decirte algo, sí que has cambiado últimamente... ya no eres ese elfo al cual conocí... ahora me explico por qué tenías esos atributos especiales... 

Duhal sabía que Ashtaro algo tramaba, ya que le estaba dando largas para decirle dónde estaba la ninfa. 

 - Ashtaro, dime ¿dónde está la ninfa? 

- Ya oíste amigo, está en la cueva y en seguida la traen, ¿por qué no, mientras tanto me das la llama siempre viva

- No Ashtaro, hasta que vea a la ninfa. 

 Ireth ya se dirigía hacia donde se encontraban Duhal y Ashtaro, pero fue sujetada por Indis... 

- ¿Qué crees que haces Ireth? 

- ¿Que qué creo que hago? Trato de ayudar al elfo o al ángel o lo que sea, de las mentiras de Ashtaro, ven y ayúdame... 

La voz interior que le mentía a Indis apareció y le aconsejaba...  

-Te lo dije... ese elfo ocultaba algo... esa paz que sentías era sólo para atraerte... él sólo quería hacer algo contigo, si no ¿entonces por qué tanto interés en ti?... ahora es cuando debes aprovechar la situación... lo que deseas es esa paz, ve por ella, seguro está en la llama siempre viva, hazla tuya... 

- Espera Ireth voy contigo, si a la que quieren es a mi, entonces iré yo. 

- ¡¡¡Señor, Señor, he regresado, aquí tengo a la ninfa!!! 

Gritaba Gelmir a Ashtaro 

- Ves Duhal... no había por que desconfiar... 

- Muy Bien Ashtaro ponla cerca de mi y te daré lo que pides... 

- No tan rápido Duhal, ¿qué te parece si pongo el costal con la ninfa junto al árbol y una vez que me des la llama, vas por ella... recuerda que yo no desconfié primero... 

- Me parece justo Ashtaro, déjala ahí pues... 

- Perfecto Duhal... perfecto... ¡Gelmir! ¡deja el costal con la ninfa junto al árbol! 

- Sí Señor, sí Señor... 

En el instante que Gelmir dejó el costal lleno de pieles junto al árbol, Duhal comenzó a brillar con más intensidad, y de su pecho un fuego se formó... La silueta del ángel se transformaba, se hacia más grande, sus alas se extendían majestuosamente... y Ashtaro y sus lacayos quedaban absortos... Duhal tomó entre sus manos el fuego y en la medida que lo alejaba de su cuerpo, él se transformaba en el elfo que todos conocían... Ashtaro estiró los brazos y abrió las manos para recibir el fuego... 

 - ¡¡¡Espera Duhal!!! ¡No entregues la llama! ¡Ese costal esta vacío! ¡Mírame, estoy libre! 

Ángel transformado en Elfo quedó sorprendido al ver a Indis del otro lado del árbol... (Continuará... últimos capítulos)

Ninfa y Ángel (Capítulo diecisiete)

- Esto es increíble Indis, ve lo que está saliendo del árbol de la hechicera- Comentó extasiada Ireth. 

- Sí Ireth es muy lindo... ve nada más cuanta luz irradia 

- ¿Quién es ese ángel? 

- No tengo idea 

- Indis, en verdad ese ángel es lindo... quiero conocerlo... 

Justo después cuando Ireth inició el vuelo hacia ese Ángel, debió detenerse inmediatamente, ya que se dirigían hacia el árbol Ashtaro y sus lacayos... 

- Sobresaliente Duhal, sobresaliente, en verdad me tienes muy impresionado, no creí que pudieses recuperar esa llama... te felicito. 

- ¿Duhal? 

Se preguntó Indis 

- ¿Ese es Duhal? ¿el elfo que conocí? 

- ¿Cómo sabes de él Indis? dime 

- Verás Ireth, lo conocí en el lugar donde nos reunimos escuchar música, después supe su nombre cuando lo volví a ver e el bosque, pero jamás pensé que fuera un ángel. Ahora entiendo la paz que sentía cuando estaba cerca de él. 

- ¿Esa es la paz a la que te referías en la cascada? 

- Sí Ireth a esa me refería. 

Y continuaba Ashtaro... 

- Pues bien Duhal, ahora cumple con tu palabra, dame la llama para que puedas dar tu mensaje a la ninfa que te interesa... 

- Pero antes Ashtaro, dime dónde está Indis... 

 - ¿Oíste Indis? Está preguntando por ti... 

- Sí Ireth... preguntó por mi... 

Ashtaro titubeando contestó... 

- Eeh ¡¡¡Gelmiiiiiiir!!! 

- Diga Señor... 

- ¿Dónde está la Ninfa? 

- ¿De qué ninfa me habla Señor? 

Susurrando Ashtaro le dijo: 

- Sígueme la corriente tonto... 

- Ah sí sí sí Señor... resulta que la Ninfa está en la cueva y enseguida se la traemos... 

- ¿Oíste Duhal? está segura la Ninfa... 

- ¿Escuchaste eso Indis? le están mintiendo... 

- Sí pero... ¿qué puedo hacer? mejor vámonos Ireth... 

- ¿Cómo que qué puedes hacer? salgamos de aquí para que nos vea y no cometa ninguna tontería... 

- ¡¡¡Nooo Ireth esperaaaaaaaaa!!! 

 Entre tanto Gelmir corría hacia la cueva para traer un costal con pieles en su interior para hacer el intercambio con Duhal... (Continuará... últimos capítulos)

Ninfa y Ángel (Capítulo dieciséis)

Nindé Palantir permanecía inmóvil, era tanta la luz que le impactaba que era imposible poder ver más allá de su nariz. 

- Nindé dame esa llama. 

- Jamás Duhal... tendrás que hacer algo más que esto. No va a ser tan fácil. 

- Sé que tu corazón es de roca, escucha lo que te digo ahora... 

- No deseo escucharte... 

- Nindé, desde que me arrebataste la llama no he vuelto a sentir el cariño de los demás, me encerré en mi ser porque tuve miedo de volver a experimentar ese dolor que contigo sentí... ese dolor que a nadie le deseo... dame esa llama... 

- ¿Ah sí? ¿y qué gano de todo esto Duahl? 

- Permaneceré contigo por siempre... 

- ¿Por siempre? Ese es un precio muy alto a pagar... sólo algo que vale la pena tiene el precio de tu libertad... ¿de qué se trata Duahl? no tan fácil te entregas por algo trivial... 

- Nindé... sólo te puedo decir que es mi misión... y si debo perder mi libertad por obtener esa llama... así lo haré... 

- ¿y si no te la entrego qué va a pasar? ¿seguirás manteniéndome con esta energía hasta que desaparezca? recuerda Duahl... si yo me extingo... la llama se va conmigo... 

- Por eso te suplico que me la entregues... 

- ¿No sería mejor que yo mantuviera la llama y que además no te dejara salir de aquí? 

- No Nindé, en ese caso... prefiero que la llama se extinga junto contigo... 

Inmediatamente al terminar de decir esto, la energía de Ángel transformado en Elfo aumentó de tal manera que la hechicera no podía soportarlo... 

- ¡¡¡Aaaaaaaaaah!!! ¡¡¡ detente elfo, detenteeee!!! ¡¡¡está bien tú ganas te daré la llama, te la dareeeeee!!! 

Ángel transformado en Elfo bajó los brazos e hizo cesar el rayo de luz. 

- Duhal sólo espero que cumplas con tu parte... 

- No debes preocuparte Nindé, sabes que cumpliré mi palabra, no te arrepentirás... 

A las afueras del árbol de la hechicera aguardaba en silencio Ashtaro, asechando... Y algunos arbustos atrás de él se encontraban las dos ninfas que discutían en voz baja... 

- Ireth ¿cómo es posible que arriesgues tu vida de esta manera? ¡alejémonos de aquí! 

- No Indis esto es extraño, y esta gárgola se trae algo entre manos... 

- ¿Y qué piensas hacer? no seas tonta , no puedes hacer nada... 

- No importa, soy muy curiosa Indis... quiero saber qué sucede aquí... 

Del árbol se escuchó un ruido y empezó abrirse la puerta metálica muy lentamente... (Continuará)

Ninfa y Ángel (Capítulo quince)

Indis e Ireth volaron aprisa a través del bosque para encontrar el origen de ese estruendo, aunque en el fondo tenían mucho miedo, sabían que algo estaba sucediendo y sentían mucha curiosidad. 

Al mismo tiempo Ashtaro se levantaba atontado por unas rocas que habían golpeado su cabeza en el momento después de que la tierra se había sacudido. 

- ¡¡¡Gelmir qué sucede!!! 

- Señor la tierra tembló después de que se escuchó un gran trueno... la verdad desconozco lo que sucedió... 

- ¿La tierra tembló? 

- Sí Señor... 

- Esto me da muy mala espina Gelmir... ¿Qué sabes del elfo? 

- Sólo lo que le comenté hace un momento... pero... 

- ¿Pero qué Gelmir? ¿qué me quieres decir? 

- Según mis informes en el árbol de la hechicera fue donde se originó el tremor Señor... 

- ¿Qué? ¿qué tan seguro estás? 

- Muy seguro... 

- ¿Sabes si le pasó algo al elfo? 

- Hasta ahora no Señor... sólo sé eso... 

- Maldita bruja, seguramente Duhal no ha podido salir adelante de esta tarea... 

Mientras tanto Indis e Ireth se topaban en el camino con un duende que junto con los animales huían del lugar... 

- ¿Qué sucede duende? 

Preguntó Indis. 

- Algo terrible sucede dentro del árbol de Nindé Palantir... 

- ¿La hechicera? 

- Así es... todo a se cimbró a su alrededor, además una gran luz emana de su interior... 

- ¿Pero qué es lo que sucede en el interior? 

Y el duende se alejó rápidamente sin poder contestar 

- ¿Qué piensas hacer Indis? 

- No sé Ireth.. 

- ¿Por qué no nos acercamos a ver? 

Y en ese momento la voz interior del mentiroso que poseía Ninfa cobró fuerza... 

- Aléjate Indis, no vale la pena que vayas seguro saldrás malherida... huye ahora que puedes, vamos... ¡vamos! 

- Mejor vámonos Ireth, huyamos de aquí... 

- ¿Qué? ¡pero si estamos muy cerca del lugar! 

Y volteando de reojo Ireth alcanzó ver a una silueta... 

- ¡Abajo Indis alguien se acerca¡ 

Se escondieron atrás de unos matorrales y frente a ellas desfilaron los pies de alguien a quien conocían perfectamente... 

- ¡Es Ashtaro, Ireth! ¡ahora sí tengo mucho miedo! ¡vámonos! 

Y una vez que Ashtaro y sus lacayos se alejaron del lugar Ninfa emprendió la huida... sola... ya que Ireth decidió ir tras la gárgola. Ninfa no tardaría mucho en darse cuenta que marchaba a solas... 

 -¿Ireth? ¿dónde estás? ¡oh no! 

E inmediatamente regresó tras ella... (Continuará) 

Ninfa y Ángel (Capítulo catorce)

La tierra se cimbró, los animales y aves que estaban cerca del árbol huyeron con miedo por el estruendo. Las ondas de expansión llegaron hasta donde estaban Indis e Ireth y les provocaron sobresalto y temor. 

- ¿qué fue eso Indis? 

- no tengo idea Ireth, parece que fue un trueno, pero no se ve que vaya a llover... 

- es muy raro Indis, tengo miedo... 

En el fondo del árbol, Ángel transformado en Elfo yacía inmóvil... 

- Duhal cariño... ¿aún quieres "tu" llama siempre viva? ¡¡ajajajajaaaaaa!! 

- Nindé... - balbuceó Ángel transformado en Elfo - ¿por qué haces esto? 

- bien lo sabes Duhal, yo te busqué y me acerqué a ti, y sólo recibí rechazo de tu parte 

- pero jamás te rechacé... al contrario, siempre me agradaste, en algún momento compartíamos todo, incluyendo este árbol, que era muy bello, pero tú cambiaste Nindé... 

- ¿yo cambié? tú te alejaste... y no lo pude soportar, había puesto mis esperanzas en ti, a tu lado todo caminaba de maravilla... 

- pero me usabas para tu propio beneficio... 

- no Duahl, yo solo quería que supieras que juntos teníamos un futuro prominente, hermoso y único, pudimos ser lo que siempre habíamos deseado y estar juntos... 

-pero Nindé, no lo íbamos a realizar a costa de los demás, tú querías mi llama... 

Al decir esto último Ángel transformado en Elfo se incorporó lentamente y empezó a tambalearse nuevamente... 

- Nindé, por favor te lo suplico, por lo que hubo entre nosotros, por ese cariño... regrésame esa llama...

- ¡¡¡Jamás Duhal!!! 

Y uniendo sus manos, Ángel transformado en Elfo, inició una oración al mismo tiempo que un halo azul invadía todo su ser. 

 - Poder del universo, apiádate de este siervo tuyo, reclamo tu energía para recuperar la llama siempre viva, ayúdame poder infinito... 

- ¿de qué se trata esto Duhal? ¿otro truquito tuyo cariño? 

Y cuando terminó de decir esta oración, la cara de de Ángel transformado en Elfo comenzó a brillar de una manera única, mostraba paz y serenidad, que a cada momento crecían y llenaban a todo el lugar, iluminando y transformando todo a su paso. El rostro de Nindé se lleno de terror y no daba crédito a lo que veían sus ojos. Ese halo de luz, paz y serenidad alcanzó a la hechicera y parecía que la quemaba. 

- ¿pero que es esto maldito elfo? ¿qué haces ahora? ¿de qué se trata? ¿desde cuándo tienes este poder de lo alto? ¡¡¡aaaaaaaaaahhh!!! (Continuará)

Ninfa y Ángel (Capítulo trece)

Ángel transformado en Elfo había entrado al árbol y se encontraba bajando por un túnel mal iluminado. El pasadizo era húmedo, escabroso y bastante resbaloso. El corazón de Ángel transformado en Elfo se aceleraba conforme bajaba más y más. El simple hecho de saber que tenía que volver a ver a Nindé Palantir hacía que su sangre fluyera a toda velocidad, la imagen viva de estar absorto en la hechicera lo hacía trastabillar. 

El temor y la duda en momentos lo llenaban y lo dejaban confundido. El hecho es que ya estaba ahí, pero ¿en dónde estará la llama? Además había algo que lo inquietaba... fue muy sencillo entrar al árbol, no hubo ningún tipo de resistencia, una hechicera como Nindé no permitiría que nadie se acercara a su lugar así tan fácil... y esa duda rápidamente fue despejada. 

- Duhal, ¿hace cuánto tiempo que no nos veíamos? 

- ¡Nindé! 

- Sabes, lo peor de todo es que no es una visita de cortesía ¿verdad?. Aún tengo presente el día en que nos vimos por última vez, y tus palabras... ¿las recuerdas Duhal? 

- Aún las recuerdo Nindé... " me arrepiento de haberte conocido" 

- Así fueron tus palabras... ¿y en verdad te arrepentiste? 

Duhal permaneció en silencio. 

 -¿Cómo debo interpretar ese silencio Duhal? ¿cómo un no? 

- Te equivocas Nindé, hasta estos días me sigo arrepintiendo de haberme topado contigo... no negaré que aprendí mucho de ese encuentro, pero deseo olvidar todo lo que sucedió... 

- Y dime Duhal... ¿acaso sólo vienes a decirme eso? o... ¿es que vienes a recuperar la llama siempre viva? 

- Efectivamente Nindé vengo por mi llama siempre viva... 

- Tu llama... deja te recuerdo que tú me la otorgaste libremente ¿o no? 

- Mientes Nindé, tú me engañaste e hiciste que te la entregara, me dijiste que haríamos grandes cosas juntos, me dijiste que estaríamos unidos por siempre, me dijiste que ese cariño que sentía por ti permanecería para siempre, y lo peor, me ocultaste que eras una hechicera enferma de poder... 

- Fuiste muy ingenuo... pero si puedo decir algo en mi favor es que en verdad yo te estimaba y deseaba que permanecieras a mi lado... pero decidiste tomar otro camino... 

- ¿Y qué esperabas? ¿que después de que me quitaste mi llama siempre viva me quedara de brazos cruzados? No Nindé, huí por que no sabía qué hacer... 

- ¿Y ahora sí sabes qué hacer Duhal? - Tengo una misión y debo cumplirla... 

- Pues cariño trata de cumplirla entonces ¿no? ¡jajajajajajajajajaaa! 

Al terminar de decir estas palabras la hechicera Nindé extendió sus brazos y lanzó una luz que penetraba a Ángel transformado en Elfo, e inmediatamente lo hizo caer al suelo. El dolor invadía al elfo y sentía que su cuerpo se calcinaba. Era de tal magnitud el ardor que no podía exclamar ni una sola palabra ni gemido... 

Sólo podía ver la imagen de lo que en un pasado pudo ser... (Continuará)

Ninfa y Ángel (Capítulo doce)

Ashtaro estaba desesperado, ya había pasado mucho tiempo desde que Ángel transformado en Elfo fue hacía el árbol de la hechicera Nindé Palantir. 

 - ¡¡Gelmir!! ¡¡Ven acá!! - vociferó la gárgola a uno de sus lacayos. 

- Dígame Señor... 

- ¿Qué sabes de Duhal? 

- Hasta el momento sólo sabemos que el elfo encontró el árbol que se le indicó y que pudo entrar Señor, pero después de eso no sabemos más... 

- Mmmmh... mantenme informado de cualquier avance del elfo o de cualquier otra nueva que sepas... 

- Así lo haré Señor... 

 La gárgola se apoltronó en un mullido montón de pieles que tenía en su caverna, de un olor penetrante a grasa de animal pero que resultaban bastante cómodas para descansar. 

Mientras tanto, Ninfa refrescaba sus pies en la cristalina agua que caía de la cascada, y ya más calmada y triste, meditaba en por qué ese elfo le llamaba tanto la atención. Había hecho caso a su voz interior pero aún así sentía que no era suficiente, quería saber más de él. En su cabeza había una lucha interna... ya que alguna vez un sabio duende le dijo que cuando había paz en el interior de un ser significaba que el universo lo acompañaba en armonía. 

Estas palabras se confrontaban con las del mentiroso de la voz interior... pero a pesar de esa lucha, Ninfa seguía muy meditabunda. 

- ¿qué te pasa Indis? - exclamó una ninfa amiga de ella que pasaba por ahí y que también disfrutaba del rocío que generaba la cascada. 

- hola Ireth, pensaba, sólo pensaba... 

- ¿y se puede saber en qué? 

- mmmh... ¿te puedo hacer una pregunta? 

- sí Indis, desde luego... 

- ¿alguna vez has experimentado una paz profunda? 

- ¿una paz así como cuando estás descansando? 

- no Ireth, me refiero a una paz que va al centro de tu ser, que te permite disfrutar de todo sin sentirte culpable, y que te hace feliz inexplicablemente... 

- ¿inexplicablemente? 

- sí, es decir... con esa paz todo lo ves diferente... 

- mmmh... pues no Indis, no lo he sentido... ¿existe? 

- no sé... pero en caso de que existiera ¿tú crees que un ser perverso o malo pueda irradiarla? 

- mmmh no lo creo. 

- Ireth, y en caso de que fuera malo o perverso ese ser ¿crees que sea capaz de engañar para hacer creer que es una paz profunda? 

- mira Indis, yo creo que si algo da paz, es que en su interior hay paz. Si alguien ruin quiere engañar haciendo creer que tiene paz, no creo que sea capaz de mantenerlo por mucho tiempo... y por las consecuencias te darás cuenta ¿no? 

- no sé Ireth... en verdad no sé. Te cuento esto porque he sentido una especie de paz así de profunda... pero hay algo dentro de mi que me dice que es un engaño, y no se qué creer, lo más fácil para mi es hacerme caso, pero... ¿qué tal si es verdadera esa paz?, no quiero perderme la oportunidad de sumergirme en ella... 

 Enseguida, Ireth abrazó a Indis, como un gesto de ternura y entendimiento, como queriendo consolarla sin saber por qué... (Continuará)

Ninfa y Ángel (Capítulo once)

Ángel transformado en Elfo avanzaba por el bosque rápidamente, tenía prisa por llegar a su destino. Todo le pudo pasar por la mente cuando Ashtaro le dijo que le pediría algunos favores a cambio de poder estar cerca de Ninfa excepto esto. 

Ya había transcurrido mucho tiempo y creyó que eso estaba en el pasado. Los recuerdos se agolpaban y se amontonaban en su mente, tenía sentimientos encontrados y revueltos. Trataba de armar nuevamente en su memoria lo que había sucedido y cómo había sucedido. No daba crédito que Ashtaro tuviese alguna relación, o interés, aunque sea de una manera indirecta con lo que había vivido en el pasado. 

Sus pies pisaban con fuerza las hojas secas y hacían quebrar las ramas que estaban tiradas, esos eran los únicos ruidos que se percibían en el bosque, como si los pájaros y animales se hubieran puesto de acuerdo para permanecer en silencio. 

Al fin, Ángel transformado en Elfo se detuvo ante un gran árbol que aparentaba tener muchos años. Sus ramas se retorcían de tal manera que semejaban unos brazos tétricos que poseían unas garras, y que se abalanzaban una sobre otra cuando el viento las hacía mover. Era un árbol tan ancho que bien podría caber en su interior un regimiento de duendes. Empotrada en ese árbol estaba una puerta metálica que tenía un par de antorchas encendidas en cada lado de la misma. 

Hacia tiempo que no se paraba ahí, de hecho mucho tiempo. Se acercó a la puerta y ésta empezó a abrirse lentamente, crujía de una manera que erizaban los cabellos. Dentro del árbol se respiraba un ambiente húmedo y fétido, y Ángel transformado en Elfo empezó a arquearse de náuseas. 

Él dudaba ahora en cumplir su misión, que consistía en tomar algo que había perdido y que le pertenecía. Algo que por se muy joven y temeroso no pudo recuperar, y que ahora tenía la oportunidad de hacerlo suyo... aunque fuera por un momento, ya que Ashtaro le pidió recuperar la llama siempre viva y llevársela para dominar el mundo etéreo. 

Esa llama ahora la poseía la hechicera Nindé Palantír, y se la arrebató a Ángel transformado en Elfo, tras engañarlo y seducirlo. Desde ese momento en que Ángel transformado en Elfo había perdido la llama siempre viva no podía experimentar lo que era el cariño de los demás. Sabía que lo querían pero no podía sentirlo, y así se había acostumbrado a vivir. 

Ahora podía recuperarla y saber cómo era ese cariño aunque sea por un instante... si primero era capaz de arrebatárselo a Nindé Palantir... (Continuará)

Ninfa y Ángel (Capítulo diez)

- Te lo dije, ese elfo no era de fiar... 

Resonaba la voz del mentiroso en el interior de Ninfa, y su corazón latía desesperadamente. Las lágrimas inundaban sus ojos impidiéndole ver por dónde iba, en varias ocasiones su frágil cuerpo fue golpeado por las ramas de los árboles. 

Cuando sintió que ya se encontraba lejos del lugar, estalló en llanto deteniéndose definitivamente cerca de una cascada. Ahí tras un arbusto de moras quedó de rodillas, sus manos taparon su rostro, y por momentos apretaba sus mejillas.  

- Ese elfo se acercó a ti para obtener un beneficio que seguramente le iba a dar esa horrible gárgola, ambos son lo mismo. 

 Gritaba la voz interior. 

 - Pero esa paz... nunca la había sentido... ¿cómo puede un ser irradiar paz y a la vez ser malo?

 Cuestionaba Ninfa. 

 - Eso es lo que quiere que tú creas, que es un ser que da paz, para que vayas con él , para seducirte, para tenerte entre sus garras, y una vez ahí, entregarte a la gárgola, mírate ¿tú crees que alguien que dé paz se te acercaría? ¡desde luego que no! el elfo sólo busca su provecho... 

- Pero, pero... no puede ser posible... Duhal me dijo que quería ser mi amigo...  

- ¿Duhal? ja, a lo mejor ni siquiera ese es su nombre, además ¿cuándo has sabido de alguien que dé paz así nada más? NADIE, óyelo bien, NADIE se toma esa molestia si no es por algo a cambio... 

- Es verdad, nadie da nada así, sólo por dar... 

Ninfa nuevamente había creído en esa voz interna del mentiroso y un vacío la embargaba. La voz no iba a dejar que nadie le quitara ese lugar de privilegio, ese lugar que le permitía ser escuchado por Ninfa y nadie más. Dentro de ella la voz era alguien, existía porque Ninfa le hacía caso, de ella se nutría. Esa voz era como un caballo salvaje que iba a donde quería, y no existía nadie que lo domara, que cuando percibía que había alguien que lo quería montar, se embalaba para pasar sobre él. 

Sus mentiras eran muy contagiosas y echaban raíces en el corazón de Ninfa rápidamente. La voz no dejaba de juzgarla, le indicaba qué estaba bien y qué estaba mal, que era hermoso y qué era horrible. Ninfa había pasado toda su vida escuchando al mentiroso interior, no había razón para no dudar de él. Y por creerle, andaba en la búsqueda de algo que la llenara, algo que la hiciera sentirse plena, pero cada vez que pensaba que ya lo había encontrado, se aparecía esa voz destruyendo todo a su paso... haciéndola sentir mal, imperfecta, sucia y torpe... porque pensaba que debía estar a la altura de las expectativas de los demás, pero nunca lo lograba... 

Cuando Ninfa sentía en su corazón algún destello de esperanza, la voz la aniquilaba inmediatamente, desde el punto de vista de la voz, Ninfa no merecía nada y no era digna de nada ... ni de nadie... no merecía vivir, no merecía sonreír, no merecía conocer la verdad, no merecía ser feliz, no merecía amar ni era digna de ser amada... Aún añoraba los momentos de felicidad que alguna vez vivió... 

Y Ninfa nuevamente echó a llorar... (Continuará)

Ninfa y Ángel (Capítulo nueve)

Ninfa no lo podía creer, apenas la noche anterior le había pedido a la luna encontrar nuevamente al Elfo que le hizo sentir esa paz inexplicable. Ángel transformado en Elfo aún le sonreía a Ninfa y cayó en cuenta que todavía sujetaba la mano de ella. 

Él hizo un movimiento rápido para retirar su mano y esconderla en su espalda, mostrando algo de torpeza, resultado de no poder controlar sus emociones. Era extraño, porque siendo un Ángel transformado en Elfo era difícil que algo lo intimidara. En eso estaban cuando... 

 - ¡Mi estimado Duhal, qué gusto de encontrarte! 

Exclamó Ashtaro, la gárgola, quien iba acompañado de dos gnomos, mismos que provocaron que Ninfa se incorporara de donde estaba sentada y sintiera temor. Al estar de pie la voz interior del mentiroso se escuchó con fuerza: 

 ¡Huye! ¡este elfo te va a entregar a la gárgola!. 

  En seguida salió volando presa del pánico por creerle a la voz interior del mentiroso, en instantes su rostro recobró esos tintes amarillos y verdes, y el tono rosado se había esfumado. Desesperado Ángel transformado en Elfo hizo el intento por sujetarla, pero los gnomos lo impidieron tomando a Ángel de la espalda. 

 - ¡ja ja ja ja! parece que al fin cruzaste palabra con ella Duhal... ¿y de qué platicaban? 

- Ashtaro, creo que eso no es de tu incumbencia 

Murmuró Ángel transformado en Elfo cuando apretaba los dientes de coraje. 

- Claro que me importa Duhal, claro que me importa... recuerda que tú y yo tenemos un trato, y todo lo referente a esa Ninfa me atañe... ¿o ya lo olvidaste? 

Entrecerrando los ojos, Ángel transformado en Elfo movió la cabeza de un lado a otro indicando que no había olvidado su promesa, y volteando sobre su hombro dirigiendo su mirada hacia las copas de los árboles, observó como Ninfa se alejaba rápidamente. Cuando ya no fue capaz de ubicarla, Ángel transformado en Elfo puso su vista sobre la gárgola. 

- Y bien Ashtaro... ¿qué es lo que deseas? 

- Mi estimado Duhal, no me mires con esa rabia, me haces creer que tienes un interés más de lo normal en esa ninfa.. 

Temiendo ser descubierto, Ángel transformado en Elfo, cambió su tono de voz y buscó una evasiva: 

- De ninguna manera amigo, sólo que apareciste de una manera sorpresiva y no te esperaba tan de repente. 

- Así soy Duhal, sorpresivo e implacable... y ahora es el momento en que necesito de tu ayuda, y espero que aceptes sin titubeos... Y la gárgola y sus dos ayudantes gnomos estallaron en carcajadas como antesala a la petición que se le iba a a hacer a Ángel transformado en Elfo... (Continuará)

NInfa y Ángel (Capítulo ocho)

Los ojos de Ángel transformado en Elfo mostraban sorpresa e incredulidad, ahí sobre la hierba y regresándole la mirada se encontraba el ser etéreo al que buscaba desesperadamente, ahí tendida se encontraba Ninfa. 

Temerosa se hizo hacia atrás intentando escapar, pero la mirada fija de Ángel transformado en Elfo la había atrapado. Ella no recordaba el nombre de él, pero no se apartaba de ella la sensación de paz que le había provocado, y que en ese momento se hacía realidad. Sentía que corría por su cuerpo una emoción extraordinaria. Mientras tanto Ángel transformado en Elfo no dejaba de admirarla, permanecía inmóvil, estaba petrificado... no lo esperaba y no sabía qué hacer... y lo único que se le ocurrió decir en ese momento fue: 

- Hola, soy Duhal. 

Ella también sin moverse murmuró un saludo 

-Hola. 

- ¿Cuál es tu nombre Ninfa? 

Y con voz temblorosa contestó: 

- Indis, mi nombre es Indis. 

Ángel transformado en Elfo rodeó el hongo para estar más cerca de Ninfa y poder estrechar su mano, y Ninfa se alejaba más, no como una reacción de temor, más bien como una reacción de timidez. Esa emoción crecía más, era una paz que ella no había conocido, y cuando tuvo la mano de él muy cerca, extendió la suya y la estrechó. En ese momento ambos sintieron un calor en el interior de su pecho y por instantes el tiempo no existió, todo a su alrededor parecía que se detenía, y sólo existían ellos dos. 

- Duhal, perdóname por salir tan abruptamente anoche del lugar. 

- No te preocupes Indis, sólo quiero ser tu amigo. 

Aunque estaban frente a frente, Ángel transformado en Elfo debía ser prudente para darle el mensaje. Si lo decía en ese momento corría el riesgo de que Ninfa no entendiera nada y acabara por retirase definitivamente de él. Ninfa seguía en el éxtasis de esa paz, por primera vez la voz interior del mentiroso había callado. No había nada en su interior que la distrajera, que la señalara o que le dijera que no era apta. Se sentía libre y feliz, y un color rosado inundó sus mejillas, haciendo desaparecer esos tintes amarillos y verdes que eran característicos en su cara. 

Su cara iluminaba al rostro de Ángel transformado en Elfo, y él sentía que había dado el primer paso para que Ninfa se transformara totalmente... (Continuará)

Ninfa y Ángel (Capítulo siete)

La mañana era fresca y las aves revoloteaban en el manzano de Ninfa, atraídos por sus frutos de gran colorido. Una de ellas tenía gran curiosidad por unas hojas amontonadas que estaban sobre las ramas. Tremenda sorpresa se dio el ave cuando al retirar un par de hojas del montón se encontró con el rostro etéreo de Ninfa, quien descansaba plácidamente después de pasar un buen rato en vela la noche anterior. 

Dando un gran bostezo, hizo que el ave saliera inmediatamente volando del lugar, y junto con ella todas las demás que le acompañaban. Ninfa se incorporó un poco adormilada, pero el calor de los rayos del sol que se colaban entre las hojas de las ramas hicieron que tomara conciencia inmediatamente. 

A Ninfa le gustaba alimentarse con los frutos de su manzano aunque también apetecía de otros frutos, como los duraznos, moras y mangos. Después de dar unas mordiditas a una manzana se retiró y se dirigió al lago donde por lo general se refrescaba. Al llegar se sintió feliz al poder sumergir sus manos en el agua y llevarla a su cara para limpiarla. 

Al ver su reflejo en el agua, su semblante cambió, escuchó nuevamente a la voz interna, la voz del mentiroso que le decía que no era tan bella como creía y que no era digna en absoluto de disfrutar su vida. La voz interna la señalaba tanto que Ninfa sentía vergüenza de ella misma y mejor se alejó de su reflejo, pero no así de su voz interna que la seguía por todos lados... 

Ángel transformado en Elfo yacía tumbado sobre unas rocas junto al árbol hueco donde había llorado la noche anterior. El viento hacía un sonido agradable cuando pasaba entre los árboles invitándolo a levantarse para reiniciar la búsqueda de Ninfa. Tambaleándose por andar aturdido por el sueño se encaminó nuevamente al lugar donde los seres etéreos acudían a escuchar música, pero se encontró con la sorpresa de que estaba vacío, no había nadie. Dando un suspiro gritó: 

- ¡¡¡Ashtarooooooooooo!!!, ¡¡¡Ashtarooooooooooooooooo!!! 

Su eco era lo único que escuchó, y sintió que debía ir cuesta arriba para encontrar a Ninfa, sentía que debía empezar de cero nuevamente... y los latidos de su corazón se agolpaban en su pecho. Un movimiento en los arbustos le hizo voltear bruscamente. Se acercó lentamente y observó como algo corría hasta detrás de un gran hongo. Con cuidado extendió las manos y murmurando unas palabras fue capaz de abrir en dos al pasto crecido que obstaculizaba el paso hacia el hongo. Se asomó y su sorpresa fue enorme... (Continuará)

Ninfa y Ángel (Capítulo seis)

Ya en el bosque, Ángel transformado en Elfo vagaba sin dirección. El vacío que sentía era enorme y debía esperar nuevamente otra oportunidad para estar con Ninfa, además tenía que estar atento al lugar donde se aparecía ella. Se sentó en un tronco hueco y soltó el llanto. Era un llanto reparador, que lo saneaba. Era el momento de la descarga, de poder sentirse vivo. 

Aunque Ángel transformado en Elfo podía convivir con los demás seres etéreos, siempre sentía soledad, siempre sentía que no encajaba, excepto con Ninfa. Esos momentos al estar junto a ella, se sintió cerca de alguien y le vino a la mente sus ojos color miel, que lo perforaban y que lo iluminaban, era una sensación extraña, nunca la había experimentado, era la primera vez que se sentía transparente ante alguien. Y entre más transparente se sentía cuando recordaba la mirada de Ninfa, más sentía que el llanto lo curaba, era un solo consuelo de que en ese momento no estaba presente ella, de que solo la podía ver en sus sueños. 

Por otro lado Ninfa sentada en una rama de su manzano contemplaba la luna, ese objeto radiante que la hacía soñar. Ella imaginaba que la luna era una gran masa hecha de todas las aspiraciones de los seres etéreos, y que en la medida que alguien pedía algún deseo la luna crecía y se llenaba de luz, y cuando empezaba a decrecer significaba que la luna se vaciaba porque se cumplían los deseos. 

Ninfa nunca le había pedido nada y esa noche pidió un deseo, un deseo que de entrada se le hizo muy extraño, porque además de ser la primera vez que pedía algo no entendía por qué pedía eso... su deseo fue sencillo, volver a encontrar a ese Elfo que por instantes le irradió algo diferente. Le extrañaba el deseo, ya que inclusive no era capaz de recordar el nombre de él. 

No pasaría mucho tiempo cuando desde el fondo de su mente escuchó a la voz del mentiroso que le decía que olvidara pedir deseos a la luna, que nunca jamás volvería a ver a ese Elfo, que lo que sintió no era más que un gran temor, y que seguramente lo había imaginado. 

Así es, escuchó la voz de la mentira, la voz que por mucho tiempo había hecho caso, y que ahora no perdía la oportunidad de decirle que no era nadie y que no aspirara a más, mucho menos a encontrarse con ese Elfo. Y esa mirada de esperanza y de fe que poseía cuando observaba a la luna, se fue transformando en una mirada de tristeza y desesperación. 

Ángel transformado en Elfo también veía la luna y lo que él escuchaba era que mantuviera la fe, que siguiera adelante y que por ningún motivo se dejara derrotar por nadie ni nada, incluso si llegara a escuchar la voz del mentiroso. A pesar de que Ángel transformado en Elfo poseía dones especiales, no significaba que no tuviera enfrentamientos con la voz del mentiroso, y esa voz contra él atacaba más fuerte, sin piedad, pero él podía resistir debido a su naturaleza. 

Ninfa permanecía sentada ahora sin ver a la luna, aunque el deseo... ya se había pedido... (Continuará)

Ninfa y Ángel (Capítulo cinco)

Ninfa no contestó. Lo percibía como cualquier otro ser del lugar que quería divertirse con ella. Bajó la mirada y no le dio importancia a la mano extendida de Ángel transformado en Elfo. Se encogió en su lugar y permaneció en cuclillas. Ángel transformado en Elfo permaneció de pie y poco a poco se acercó a Ninfa para hablarle, se posó en las rodillas y nuevamente le ofreció la mano. 

Inmediatamente que Ninfa sintió de cerca nuevamente la mano de Ángel transformado en Elfo rápidamente se incorporó y salió atropelladamente del lugar. Ángel transformado en Elfo intentó alcanzarla, pero Ninfa resultó ser más rápida que él. Duhal experimento vacío en su ser, había perdido una gran oportunidad de hablar con Ninfa, de hecho sintió un gran rechazo por parte de ella. No supo su nombre ni estrechó su mano. 

Aún pasaba por su mente el momento en que se la había topado por primera vez, y tontamente tomó la decisión de no dar el mensaje. 

- Una lástima Duhal, una verdadera lástima... 

Susurró Ashtaro al oído de Ángel transformado en Elfo. 

- Ya tendrás tiempo de verla, no te preocupes, si no, ya sabes yo podré ayudarte... después te buscaré Duhal, hasta luego... 

Los ojos de Duhal se humedecieron, sentía una gran impotencia. Al instante siguiente ya se encaminaba hacia lo espeso del bosque para curar su dolor. Ninfa mientras tanto huía del lugar, se dirigía a toda velocidad al manzano donde habitaba, y ni siquiera pensaba en el Elfo que le había extendido la mano, sólo quería llegar a casa y estar a salvo. 

A pesar de que se la pasaba bien en ese lugar musical, sabía que los gnomos no tenían buena reputación, y mucho menos esa desagradable gárgola que siempre la molestaba. Al llegar a su manzano se sintió reconfortada, sabía que ahí estaría bien y que no corría peligro. Sólo hasta ese momento en que estaba tranquila reparó en la presencia de Ángel transformado en Elfo. Se dio cuenta que había experimentado una paz que antes no había vivido, y sintió que su corazón latía de una manera diferente, más cálida, y quiso regresar pero ya era muy tarde. (Continuará)

Ninfa y Ángel (Capítulo cuatro)

- ¿Y cómo te puedo ayudar? - musitó Duhal. 

- ¿Ves a todos estos seres etéreos?, necesitan ser dirigidos y controlados, y como te decía anteriormente, tú posees un carisma especial. A las gárgolas nos encanta este lugar... y queremos quedarnos con todo esto, tú podrás ahorrarnos mucho tiempo, y tendrás todo el tiempo para estar con Ninfa, de no querer ayudarnos, pues... sería terrible que ya no la vieras por aquí ¿no? 

Al escuchar estas palabras, Duhal supo que no tenía otra opción. Lo que más le preocupaba era si Ashtaro sabía lo de su misión con Ninfa, y si sabía qué mensaje debía entregar. 

 - ¿Qué más sabes de mi Ashtaro? 

- Mmmh, ya te dije... sé lo suficiente... sólo me intriga tu interés en Ninfa. Hasta ahora nadie me lo explica, pero pronto lo sabré... Entonces Duhal... ¿tenemos un trato? 

Ángel transformado en Elfo en ese momento podría hacer a un lado a Gárgola, aniquilarlo... acercarse a Ninfa e irse, pero debía ser dócil, cubrir las apariencias, y hacer lo que Gárgola quería, no a su modo ya que Ángel transformado en Elfo tenía un plan... 

 - Bien Ashtaro, haré mi parte del trato. 

- Bien Duhal, serás recompensado. 

Se estrecharon las manos mirándose fijamente a los ojos. Ashtaro esbozó una leve sonrisa de triunfo, guiñó a uno de sus asistentes e inmediatamente liberaron a Ninfa. 

- Adelante Duhal acércate a ella, más adelante te contactaré para que me brindes tus servicios... 

Ángel transformado en Elfo se levantó y se encaminó hacia Ninfa, quien se tomaba de las muñecas, sobándose por el apretón del Gnomo que la sujetaba. Sintió que debía acariciarla, que debía protegerla... sentía muchos "debía", pero primero necesitaba ganarse su confianza. Se detuvo frente a ella. Ninfa al sentir su presencia lentamente subió la mirada, y sus ojos enrojecidos llenos de lágrimas se fijaron en los de Ángel transformado en Elfo. Él sonrió y su corazón latió aceleradamente, había tantas cosas que decirle, tantas cosas que contarle... y le extendió la mano. 

- Hola, me llamo Duhal... (Continuará)

Ninfa y Ángel (capítulo tres)

Ángel transformado en Elfo caminaba hacia Ninfa y su corazón latía rápidamente, hacía mucho tiempo que no sentía ese torrente en el pecho, era una gran emoción... Y cruzaban por su mente las maneras en que podría ganarse su confianza, pero eran tantas que le generaban confusión... 

Dos duendes se cruzaron en su camino y lo hicieron trastabillar y casi cae sobre unas hadas que alegres jugaban en un árbol, esto hizo que por instantes perdiera de vista a Ninfa, y cuando la buscó se dio cuenta que un ser extraño la había tomado de la mano y caminaba junto a ella dirigiéndose a la salida del lugar. 

Ángel transformado en Elfo experimentó una sensación de vacío y quiso correr hacia ellos, pero una Gárgola lo tomó por el hombro y lo detuvo súbitamente. 

- ¡Suéltame, debo salir! - Gruñó Ángel transformado en Elfo. 

- ¿Así que tienes prisa? 

- Eso es algo que no te interesa 

- Pero veo que Ninfa sí te interesa 

Y la Gárgola entrecerró los ojos y mostró una sonrisa. Ángel dejó de forcejear, miró fijamente a la Gárgola y le preguntó: 

- ¿La conoces? 

Gárgola asintió y lo invitó a sentarse en unas rocas junto a una orquesta de hadas musicales. Sin saber por qué, Ángel transformado en Elfo lo siguió y permaneció inmóvil unos instantes, mientras Gárgola se ponía cómodo y bebía néctar de una flor. 

- ¿Cuál es tu nombre? - preguntó Gárgola. Pasmado Ángel transformado en Elfo murmuró: 

- ¿mi nombre?, ¿no sería más importante que me dijeras quién eres tú y por qué me detuviste? 

- Es verdad, perdón por ser tan descuidado, mi nombre es Ashtaro. Sabes... ¿cómo dices que te llamas?

- Duhal 

- Bien Duhal, hace tiempo que conozco a esa ninfa, viene seguido a este lugar, y se dice que anda en busca de las chispas de alegría que ha perdido. Yo puedo hacer que se conozcan, veo que te interesa saber más de ella, pero sabes... necesito de tu ayuda... 

- ¿Mi ayuda? ¿qué tipo de ayuda?  

- Unos Gnomos me contaron de ti, me dijeron que tienes algo especial que transforma a los seres etéreos, que los haces dóciles y que son capaces de volver a soñar. 

- Es absurdo lo que dices, deberías asegurarte de esos Gnomos, tal vez te quieren engañar. 

- No finjas Duhal, sé muchas cosas de ti, no todas pero sé lo suficiente, y Ninfa puede alejarse de ti...

Ashtaro al terminar de decir esto volteó hacia un árbol e hizo una mueca y uno de los gnomos a su servicio salió del lugar. Momentos después ese mismo gnomo regresaba tomado de la mano de Ninfa, quien caminaba tambaleándose y a punto de caer... (Continuará)

Ninfa y Ángel (capítulo dos).

El mensaje que debía dar a conocer Ángel transformado en Elfo no le pertenecía, es decir, no era un mensaje propio sino que era un mensaje que venía de la Esencia de todo el universo. Siendo un mensajero, Ángel transformado en Elfo sabía que no debía hacer suyo el mensaje, porque corría el riesgo de que la persona que recibiría el contenido lo confundiera con el remitente, sólo debía entregarlo y retirarse una vez que Ninfa lo aceptara. Encontrar nuevamente a Ninfa fue difícil, porque la voz parásita que la poseía le dictaba nuevas mentiras a seguir, y la guiaba por caminos oscuros y tristes. 

Debido a esto Ninfa se había apartado de su camino, un camino hermoso, brillante y lleno de vida. En momentos Ninfa recordaba lo feliz que había sido y no entendía en qué momento de su vida había perdido esas chispas que hacían brillar su existencia, quería recobrarlas y no sabía cómo. Ángel transformado en Elfo buscó por muchos lados, algunos le daban algunas indicaciones en dónde podría estar Ninfa, pero cuando llegaba a esos lugares, Ángel transformado en Elfo se daba cuenta que ella ya no se estaba. Por momentos Ángel transformado en Elfo se desanimaba y deseaba tragarse el mensaje para no seguir con la búsqueda. En verdad estaba desesperado, ya que llevaba mucho tiempo tras de ella y no podía concretar la entrega del mensaje. 

Un día Ángel transformado en Elfo acudió a un lugar donde las hadas, duendes, ninfas y elfos iban para escuchar música espléndida y así convivir entre ellos. Ángel transformado en Elfo se recostó en unas hojas y empezó a escuchar esa hermosa música que lo extasiaba y lo hacía sentir bien, además, le gustaba el ambiente porque todos los presentes estaban alegres, contentos, felices... excepto una. 

Ángel transformado en Elfo puso atención en un rincón del lugar y descubrió a una persona que no irradiaba luz, que tenía tintes verdes y amarillos y que languidecía... ¡¡Al fin!! ¡¡Era ella!! ¡¡Era Ninfa!! Ángel no lo podía creer, estaba frente a ella y era su oportunidad de acercarse y ganarse su confianza... y se dirigió a ella. Continuará

Ninfa y Ángel (capítulo uno).

Había una vez una Ninfa que había sido engañada por un Duende parásito, al cual le gustaba decir mentiras por naturaleza, de hecho decir mentiras era su forma de vida. Cuando Ninfa se tragó las mentiras del Duende Mentiroso, experimentó tristeza, soledad, angustia y empezó también a decir mentiras, porque sentía una gran inseguridad. Lo peor de todo es que cada vez que decía una mentira, más mal se sentía. Así llevaba su vida contando mentiras y su semblante cambiaba a cada instante en que mentía, su rostro se teñía de verde y amarillo, languidecía. Un día cuando pensaba que su vida no tenía el brillo suficiente como para iluminar los caminos de los demás, se topó con un Ángel transformado en Elfo. Este Ángel tenía un mensaje muy importante que comunicar a toda persona que cruzara su camino, pero nadie escuchaba lo que él decía. La incredulidad de los demás había hecho que Ángel transformado en Elfo guardara el mensaje en su corazón porque nadie tenía interés en saber más, hasta ese día que se topó con Ninfa. Cuando Ángel transformado en Elfo la vio por primera vez creyó que era como cualquier otra ninfa, pero no, se sorprendió cuando percibió que su corazón era diferente. A pesar de que sabía que su corazón era diferente decidió no dar su mensaje y pasar de largo. Lo que no sabía en ese instante Ángel transformado en Elfo es que su Arcángel le iba a encomendar una tarea difícil... y la tarea consistía en que debería darle el mensaje a Ninfa. Cuando Ángel Transformado en Elfo lo supo no sabía qué hacer... porque ya tenía suficiente de que las personas no escucharan su mensaje, ¿por qué Ninfa iba a ser diferente?... Ángel transformado en Elfo aceptó la misión, y se encaminó al lugar donde estaba Ninfa. Una de las condiciones para dar el mensaje es que Ángel transformado en Elfo debía ganarse la confianza de Ninfa poco a poco. Aunque tardara años... meses... días. (Continuará)